7 enero 2011 Noticias, Salud

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La imagen del post contrasta de manera terrible con la información que leerán a continuación, pues los datos describen una realidad bastante dura, sin duda un problema social que se acrecienta en todos los países.

Cuando Laurie Matthews llegó al trabajo, se encontró con que una joven de diecisiete años había insultado y amenazado a su equipo. Según los datos, la adolescente quería utilizar el teléfono del centro de internamiento de menores y como los trabajadores se negaron, se puso a gritar y a encarar a todos para intimidarles y conseguir lo que andaba buscando.


Aunque sea una recién llegada al centro, Matthews sabe perfectamente lo que le pasa por la cabeza. “No tiene ningún futuro, pero sí un buen historial de acciones violentas [y] muchos motivos para estar cabreada”.

Tiene antecedentes penales por las agresiones que ha cometido”, explica. Además, existe el riesgo de que vuelva a ser agresiva. “Le reñí por ser tan ordinaria y comenzó a insultarme. Pero cuando se dio cuenta de quién era, se fue con el rabo entre las piernas”.

Matthews sabe cómo actuar en este tipo de situaciones. Es la fundadora y directora ejecutiva de Caretakers Cottage, una organización que aloja y ayuda a adolescentes con problemas en varios centros que se hallan repartidos por la ciudad de Sydney.

Desde hace tres décadas, trabaja con jóvenes conflictivas y conoce muchas historias que no salen en los periódicos, como la de una niña de 12 años que robó una barra metálica de una obra, fue a la comisaría de policía y se puso a destrozar los coches patrulla. O la de otra que le clavó un cuchillo a una compañera en un ataque de furia. Las adolescentes de 12 a 18 años con las que Matthews está en contacto son difíciles por definición. Según ella, solo el 1% de las menores pasa por un centro de internamiento. “La mayoría se siente bien en casa y disfruta de la vida”.

Dicho esto, también sabe que se ha producido un cambio en la manera en la que las jóvenes problemáticas se enfrentan al mundo que les rodea. Aunque en el centro no destrocen tan habitualmente su habitación como los chicos, se ha agravado lo que ella llamalos conflictos interpersonales”, incluso, entre las más pequeñas.

Siempre se han producido peleas en los recreos por el maquillaje o por los novios. Pero, en la actualidad, la manera en la que se enfrentan a estas situaciones es…. sin duda alguna, mucho más violenta”.

Una ojeada rápida a los titulares más recientes nos muestra comportamientos delictivos que eran impensables hace unos años. “Vídeos de peleas entre chicas en Internet y aumento de la violencia”, “Jóvenes implicadas en agresiones, robos de coches y conducción temeraria”, “Aumento de las bandas y de la violencia femenina”, “Pandillas de chicas cometen actos vandálicos”.

Tras estos titulares, se esconden unas estadísticas aún más preocupantes. Kerry Carrington, profesora y directora de la Escuela de Justicia de la facultad de Derecho de la Universidad de Queensland, lleva 25 años investigando sobre delincuencia juvenil. En su último libro Offending Youth: Sex, Crime and Justice (“Delincuencia juvenil: sexo, delitos y justicia”) analiza el aumento de la violencia femenina y, especialmente, el preocupante incremento de los delitos más graves

Según Carrington, los chicos comenten cuatro veces más delitos que las chicas aunque, proporcionalmente, ellas se sientan con más frecuencia en el banquillo. Hace dos décadas, un 14% de las jóvenes con antecedentes penales había participado en un delito violento. “En la actualidad, la cifra alcanza el 33%. No obstante, entre los chicos, ha permanecido en torno al 20%. Los datos que se han dado a conocer tras la publicación de mi libro [en noviembre de 2009] muestran que la situación empeora”.

Todo esto nos lleva a pensar que se ha producido un cambio social profundo e inquietante. Desde su punto de vista, durante años se rechazó la idea de que las mujeres pudieran actuar con violencia, incluso, en el mundo académico.

Lamenta que no haya “ningún ápice de duda de que cada vez haya más chicas violentas. Es un fenómeno mundial. Los datos que hemos recibido de Estados Unidos, Reino Unido y Canadá reflejan una tendencia similar.“ Cuando se le pregunta cuáles son los motivos que subyacen tras este aumento, ríe. “Es la pregunta del millón”.

Algunas de las explicaciones consideran que la lucha por la igualdad ha provocado que se comporten como los hombres en todos los aspectos, incluyendo los más negativos y destructivos.

Pero Carrington vincula este incremento con las nuevas tecnologías como Internet y los teléfonos móviles, que algunos adolescentes utilizan para grabar las peleas. Posteriormente, suben las imágenes a páginas web como youtube.com y se enorgullecen de ello.

Según esta especialista, “ellas publican en estos medios dos o tres veces más que ellos. Una vez que el vídeo está en la red, permanece ahí…. y se convierte en un imán que atrae los mismos comportamientos”. Muchas piensan: “mira lo que han subido en Escocia. Yo también puedo hacerlo”.

De todo lo que ha visto en su carrera el doctor Michael Carr-Gregg, lo que más le ha impactado es la grabación efectuada con un móvil. Las imágenes se tomaron en un sendero que serpentea tras una calle de Melbourne. Un grupo de personas rodea a dos chicas en plena pelea gritando “venga, venga, venga” y les incita a continuar con esa barbaridad. “Dos menores de catorce años se pateaban sin piedad la cabeza. Me quedé sin aliento”.

Cuando entrevistó a la más violenta, supo que la pelea había comenzado por un chico.

Carr-Gregg, autor de varios libros para padres como When to Really Worry (“Cuándo preocuparse realmente”) ha participado en el tratamiento de varias chicas con problemas extremos de violencia, incluyendo una que puso punto y final a una discusión estrellando una botella en el estómago de otra.

En su opinión, un porcentaje cada vez mayor de jóvenes es incompetente social y emocionalmente. Además, según Carr-Gregg, “esta generación ha crecido rodeada de una violencia que no tiene precedentes” y pone como ejemplo a Lara Croft, todo un icono de la sociedad actual. La protagonista del videojuego y de la película Tomb Raider se dedica a disparar a diestro y siniestro y pisotear cabezas.

Asimismo, añade “según algunas de mis pacientes, para gustarle al sexo opuesto tienes que actuar como ellos. Intentan dejar anonadados a los tíos.”

Carr Gregg, que trabaja como psicólogo en algunas escuelas y organizaciones nacionales, exige un mayor número de centros de tratamiento mental para los menores australianos, tolerancia cero con el alcohol antes de los 16 años, así como una aplicación estricta de la ley que prohíbe el consumo antes de los 18. Además, reclama que se enseñe en las escuelas cómo controlar la furia para resolver los conflictos civilizadamente y un curso destinado a los padres antes de que sus hijos lleguen a la adolescencia.

También considera que un “desarrollo sexual precoz entre las mujeres ha generado una gran violencia. Antes había un periodo intermedio entre la infancia y la adolescencia. La sociedad ha dilapidado esa transición y las chicas pasan de Epi y Blas a Britney Spears en un abrir y cerrar de ojos.”

Como las agresiones adoptan otra forma, el acoso virtual está en el punto de mira. El año pasado, el prestigioso instituto australiano Ascham School expulsó a dos estudiantes por atacar a otras compañeras a través de una red social. Les habían acusado públicamente de consumir drogas y alcohol y dieron información detallada sobre su vida sexual.

El padre de una de las víctimas, resumió sus sentimientos en un programa de televisión donde contó que a su hija se le acercaban todos los chicos. “En una fiesta a la que fue el sábado por la noche, todo el mundo se le quedó mirando”.

Julie Brown, vicepresidenta del sindicato de profesores de Queensland, confiesa que los miembros de esta asociación han denunciado sistemáticamente un aumento de las agresiones en las escuelas. “Aunque la mayoría de los jóvenes se comporta correctamente y el número de chicos conflictivos sigue superando al de las chicas, creo que la actitud de ellas sorprende a muchos profesores”.

Cuando las rencillas estallan entre las féminas, plantean dificultades añadidas. “Imagína a un profesor de 22 años que tiene que intervenir en una pelea de quinceañeras. Si se trata de un hombre, se va a ver envuelto en una situación muy complicada. Cuando se meta en medio, probablemente choque con alguna de ellas. ¿Ha pretendido agredirle sexualmente? Los profesores tienen que cuidar su comportamiento al máximo. De hecho, deben tener en consideración las consecuencias legales y profesionales”, comenta Brown. “En los últimos años, nuestros miembros han denunciado que cada vez es más difícil actuar en este tipo de situaciones”.

Desgraciadamente para los profesores, estos conflictos no van a desaparecer de la noche a la mañana.

Jake Najman, profesor y sociólogo de la Universidad de Queensland, ha entrevistado a más de 4.000 jóvenes y ha llegado a la conclusión de que las menores de catorce años roban, amenazan y se pegan tanto como los chicos.

Les preguntó una serie de cuestiones y les pidió que no se centraran en los robos de importancia ni en los asaltos a mano armada, sino en su comportamiento diario. Por ejemplo, “tomo drogas”, “me meto en peleas”, “miento y engaño”, “ataco a la gente”, “grito o chillo mucho”, “robo”, “soy una cabezota y me sacan de quicio”, “bebo demasiado”, “mi actitud me ha ocasionado problemas con la justicia“, “amenazo con agredir a la gente”, “no devuelvo el dinero que debo”.

Najman y sus compañeros también han llegado a la conclusión de que cuanto antes se llegue a la pubertad, mayor es la tasa de delincuencia. Este resultado es interesantísimo si tenemos en cuenta que, según una encuesta británica en la que participaron 14.000 menores, una de cada seis niñas alcanza la adolescencia a los ocho años.

Según Najman, estos resultados están en consonancia con los cambios que se han producido en la última década y muestran una realidad completamente distinta a la que estábamos acostumbrados. “Las mujeres fuman tanto como los hombres… sobre todo, a edades tempranas. En cuanto a las drogas ilegales, como el cannabis, el índice femenino es muy similar al masculino”.

“En el caso del alcohol, las borracheras entre ellas son casi tan frecuentes como entre ellos.”

¿Qué sucederá cuando estas niñas crezcan? Najman quizás encuentre una respuesta. Durante los últimos 21 años, ha estudiado a muchas jóvenes de Queensland desde su nacimiento y lo seguirá haciendo hasta que cumplan los 30. Independientemente de que su próximo trabajo denuncie que muchas jóvenes adoptan una actitud masculina, considera que lo que está sucediendo es que algunas se desorientan en una sociedad en la que la igualdad de oportunidades es un derecho reciente.

Antes los chicos eran los que daban problemas, [y] sufrieron las consecuenciasVa a suceder lo mismo con las mujeres”, añade.

“[Pero] nunca antes habíamos visto a una generación tan capacitada. En la actualidad, su trabajo es tan bueno como el de los hombres o, incluso, mejor. Pero no olvidemos la otra cara de la moneda.”

Vía | Selecciones

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