28 mayo 2006 Deportes

El ‘glamour’ de Mónaco se rindió al reinado de Fernando Alonso en la Fórmula 1. El español se apuntó su primera victoria en el Principado, la cuarta de la temporada y su duodécimo podio consecutivo, pero lo más positivo para el piloto de Renault es que amplió muchísimo la ventaja con sus principales rivales en la lucha por título mundial. Kimi Raikkonen abandonó y Michael Schumacher sólo pudo sumar cuatro puntos. Juan Pablo Montoya y David Coulthard completaron el podio.


Líder de principio a fin, como viene sucediendo últimamente, pero con autoridad, con suerte y dando al campeonato un nuevo golpe de mano, la victoria en Montecarlo supone para Fernando Alonso un buen puñado de esos puntos que siempre viene bien tener en el zurrón cuando lleguen las vacas flacas. El asturiano fue el testigo privilegiado de una prueba en la que todo lo que ocurrió lo pudo ver a través de sus retrovisores.

Salida limpia
Primero, contempló cómo en la salida el australiano Mark Webber le echaba una manita, entorpeciendo lo justo a Kimi Raikkonen como para que el piloto de Renault pudiera rebajar con calma su tensión inicial y encauzar con garantías las primeras curvas en el ratonero trazado de Mónaco. Kimi, sin embargo, no tardó demasiado en encontrar el hueco a través del cual aspiraría a ganar la carrera. Porque mientras duró Kimi, hubo emoción.

El finlandés se pegó a Fernando Alonso durante la primera parte de la carrera. Sin que el español mostrara fisura alguna, al piloto de McLaren no lo quedó otra que presionar en cada momento, y con los guardarraíles de testigos, para forzar el fallo del actual campeón del Mundo. Pero no lo encontró, y así, encomendados y resignados a jugársela en los boxes, la estrategia se tornaba en decisiva.

Raikkonen y su gafe
Sin embargo, el momento culminante llegó con la retirada de Webber. El australiano se pasó gran parte de su carrera haciendo la goma con los dos primeros. Tan pronto se alejaba de acuerdo a la lógica que marca su escalafón en la parrilla, tan pronto parecía volar sobre el asfalto; tal era su ritmo infernal. Pero la mecánica de su Williams no aguantó y la rotura de su motor cambió la carrera. Su monoplaza quedó en medio de la pista y el coche de seguridad hizo acto de presencia, dando por olvidada la increíble limpieza con la que se desarrolló la primera mitad de la prueba.

Pero lo más sorprendente, sin embargo, fue que Raikkonen se reencontró con su mala suerte. Inaudito, pero cierto. El finlandés fundió el motor mientras el safety car marcaba el ritmo de la carrera. Un exceso de revoluciones del motor en una circunstancia en la que los vehículos apenas pueden ventilarse de forma correcta pareció un error de principiante para alguien de tantos vuelos. Fernando Alonso, gracias al regalo, respiró con tranquilidad hasta el final de la prueba. Ahí se cerró la lucha por el triunfo.

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